Politeísmo


La gran extensión del panteón mesoamericano se dio gracias a la incorporación de elementos ideológicos – religiosos nuevos a la primigenia religión Fuego – Tierra – Agua – Naturaleza. La importante incorporación de las divinidades astrales (sol, estrellas, constelaciones, Venus) y su representación en esculturas antropozoomorfas antropomorfas, zoomorfas o formas de objetos cotidianos.

Las cualidades de los dioses y sus atributos fueron cambiando a través del tiempo y de la influencia cultural de otros grupos mesoamericanos. Dioses que a la vez son tres entes cósmicos diferentes y a la vez son solo uno. La religión mesoamericana tiene una característica importante: la existencia del dualismo entre las divinidades. El enfrentamiento entre polos opuestos: positivo, ejemplificado con la luz, lo masculino, la fuerza, la guerra, el sol, etc.; y lo negativo, la oscuridad, lo femenino, el sedentarismo, la paz, la luna, etc.

Preclásico Medio


La segunda parte del período que ahora nos ocupa es denominada Preclásico Medio, y comprende los siglos que van de 1200-400 a. C. Se trata de una época de intensos cambios tecnológicos, especialmente en los que respecta a la agricultura. En algunas regiones clave del territorio mesoamericano se construyen los primeros sistemas de irrigación o de control de aguas. En su libro sobre la agricultura mesoamericana, Palerm consideraba que la movilización de grandes cantidades de mano de obra para la realización de los proyectos hidráulicas es un indicio de una sociedad segmentada, con un Estado fuertemente centralizado.

Época precolombina


Las riberas del lago de Texcoco han sido ocupadas por lo menos desde hace unos 25 mil años, como demuestran los restos arqueológicos de Tlapacoya. Más recientes son los del Hombre de Tepexpan --que en realidad era mujer--, y de la mujer del Peñón. Estos datan de menos de 6 mil años AP. Los primeros habitantes de la ribera y los islotes se dedicaban a la cacería, recolección y pesca.

Luego de la consolidación de las sociedades agrícolas mesoamericanas, las riberas del lago de Texcoco se convirtieron en uno de los principales focos de desarrollo en el proceso civilizatorio de Mesoamérica. Durante el horizonte preclásico (3000 a. C.--150 d. C.), el noroeste del lago fue el asiento de numerosos pueblos que recibieron influencia de las tradiciones cerámicas del occidente mesoamericano. Entre estos primeros establecimientos se encuentran Tlatilco, Zacatenco y El Arbolillo, que pertenecen al actual estado de México. Se ha propuesto como hipótesis que estos pueblos habrían pertenecido a la familia lingüística otomangueana, que por aquel tiempo debió ocupar extensas zonas del centro y sur de México. Por otro lado, en el oriente del lago, Chimalhuacán y Tlapacoya seguían siendo centros de población importantes, dedicados al cultivo del maíz.
A partir del siglo II dC, la población de la cuenca comenzó a concentrarse en uno de los valles asociados al lago de Texcoco, para formar la que sería una de las más importantes metrópolis de Mesoamérica. Estamos hablando de Teotihuacan, ubicada al noreste del lago, dedicada a la agricultura y al comercio interregional. Teotihuacan fue una ciudad habitada por personas de distintos orígenes étnicos, y fue el corazón de la política, la economía y la cultura mesoamericana desde el siglo II hasta el siglo VIII, en que comenzó su proceso de decadencia.

Con la recesión teotihuacana, la cuenca del lago de Texcoco fue uno de los destinos principales de los grupos migrantes provenientes del norte de Mesoamérica. Algunos de estos pueblos habían abandonado sus lugares de origen debido a la catástrofe ecológica que puso fin a la cultura agrícola en el semidesierto del norte de Mesoamérica. Otros eran grupos nómadas de frontera que aprovecharon la situación de caos político dominante en el área nuclear mesoamericana. Además, algunos pobladores de Teotihuacan se refugiaron en antiguas poblaciones ribereñas del lago, como Azcapotzalco, Culhuacán, Chimalhuacán y Portezuelo.

Venidos del norte eran los chichimecas, pueblos de filiación náhuatl, que al mezclarse con la población originaria, dieron lugar a la cultura tolteca en el siglo IX. Su hegemonía no duraría más allá del siglo XI; cuando nuevos pueblos nahuas se establecieron en las orillas del lago de Texcoco. Ejemplo de ello es Tenayuca, una población en el noroeste del lago habitada por chichimecas. Los últimos en llegar fueron los mexica, que luego de merodear por la ribera de los lagos de Xaltocan, Texcoco y Xochimilco, finalmente se establecieron en el islote de México, donde fundaron Tenochtitlan, la capital del Estado militar más extenso que conoció Mesoamérica.

Flora y fauna


Los ecosistemas nativos de las riberas lacustres texcocanas han sido modificados grandemente por la acción de la presencia humana. Desde su llegada al valle de México, los seres humanos se han servido de los recursos del lago para su supervivencia. En la ribera oriental, por ejemplo, existen evidencias arqueológicas que señalan que en aquella región (Tlapacoya y Tepexpan), los hombres cazaban mamutes, venados y otros animales salvajes.

Al paso de los siglos, con el desarrollo de la vida sedentaria en Mesoamérica, los hombres aprovecharon todos los materiales de que el lago proveía. Sus riberas estaban cubiertas de unos juncos que en México se conocen como tule; de sauces y otros árboles como ahuehuetes y ahuejotes. Era posible encontrar algas en las orillas, y pescar diversos géneros de peces y anfibios, especialmente boquerones y ajolotes. El lago de Texcoco era destino de numerosas aves migratorias, como la gallareta, patos de diversas variedades, garzas, charadiformes de varias clases (conocidas en México con el nombre genérico de chichicuilotes), y numerosos etcétera. También era el hogar de numerosas especies de mamíferos menores, especialmente roedores.

Sin embargo, la desecación de los lagos puso fin a la presencia de la mayor parte de estas especies. Las aves migratorias se alejaron de los lagos del centro de México, o fueron exterminadas, como los mamíferos, por la cacería indiscriminada. Al reducirse la extensión del lago, la fauna acuática y la vegetación también padecieron una reducción o desaparición en amplias zonas de la ribera, al grado de que en la actualidad, los árboles de la familia Salix han dado paso a otros como el eucalipto, el pirul y los pinos.

Centroamérica


El área mesoamericana conocida como Centroamérica ocupa la zona occidental de Honduras y Nicaragua y las áreas circundantes del golfo de Nicoya en Costa Rica, donde existieron los reinos de Nicoya y Chorotega. Se trata de una región de clima tropical, con actividad telúrica importante, que incluye además los dos grandes lagos mediterráneos de América Central: el Nicaragua y el Managua. Como en el caso de la región Norte, Centroamérica formó parte del mundo mesoamericano sólo temporalmente. Se suele considerar que los pueblos centroamericanos forman parte de la llamada zona de transición entre el Área Intermedia, el mundo andino y Mesoamérica. Los primeros contactos entre el área nuclear mesoamericana ocurrieron en el preclásico, como indica la influencia olmeca en el área. Sin embargo, en el período Clásico las relaciones se interrumpieron y Centroamérica recibió un mayor influjo de las culturas del altiplano colombiano. Ejemplo de ello es el desarrollo temprano de la metalurgia en Centroamérica con respecto al resto de los pueblos mesoamericanos, sin embargo en el sitio famoso de Quelepa en la zona oriental de El Salvador se ve el comercio y gran influencia de Teotihuacan y Copán primeramente y luego con los sitios de Veracruz. Para el período Posclásico, toda el área quedó incluida más el occidente en la esfera mesoamericana, esta vez ampliada hasta el departamento de Escuintla en Guatemala, y fue invadida por pueblos como los pipiles y nicaraos, hablantes de náhuat, un dialecto del idioma de los mexicas y se percibe en la cultura y arquitectura la influencia de los Toltécas y Aztécas.

Norte


La zona Norte de Mesoamérica formó parte de esta superárea cultural sólo durante el período clásico (150-750 d. C.), en que el apogeo de Teotihuacan y el crecimiento de la población favorecieron las migraciones hacia el norte y el comercio con las lejanas tierras oasisamericanas. Se trata de un territorio llano, comprendido entre las sierras Madre Oriental y Occidental. El clima es seco, casi desértico, y la vegetación es escasa, por lo que la agricultura en el Norte sólo fue posible mediante la canalización de las corrientes de agua superficial (entre las que destacan el río Pánuco y los afluentes del Lerma) y el almacenamiento del agua de lluvia. La excesiva dependencia del buen clima llevó a los pueblos del Norte de Mesoamérica a abandonar la región a mediados del siglo VIII d. C., en que enfrentaron una prolongada sequía y las invasiones de pueblos aridoamericanos.

Los centros de población en el Norte eran dependientes de la red de comercio que se estableció entre Teotihuacan y las sociedades de Oasisamérica. Sitios como La Quemada en Zacatecas, o La Ferrería en Durango, sirvieron como fuertes para vigilar las rutas comerciales. Cuando la agricultura y el sistema social colapsaron en el Norte, los ocupantes de la región migraron hacia Occidente, el Golfo y el Centro de México.

Occidente


El Occidente es una de las zonas menos conocidas de Mesoamérica. Se trata por ello mismo de una extensa región, que comprende las laderas de la Sierra Madre Occidental, una parte de la Sierra Madre del Sur y la cuenca media y baja del río Lerma. Las estribaciones de la montaña estaban cubiertas de bosques de pinos y encinos, pero la actividad silvícola ha reducido su tamaño. La tierra tiene vocación agrícola por su fertilidad y la disposición de recursos hidráulicos, especialmente en la llanura costera de Sinaloa, el Bajío y la Meseta Tarasca. Los climas varían del frío de montaña, en el oriente de Michoacán, hasta el clima tropical de las costas de Nayarit.

La región fue el hábitat de pueblos de habla uto-azteca, como los coras, huicholes y tepehuanos. La incorporación de estos pueblos a la esfera de la civilización mesoamericana fue muy gradual, y se presume que los primeros desarrollos cerámicos de la región estuvieron vinculados con las tradiciones de los pueblos andinos de Ecuador y Perú. Los cambios que afectaron al resto de las regiones de manera clara son menos observables en Occidente, por ello, las tradiciones culturales del preclásico, como la de Colima, Jalisco y Nayarit o la de Tumbas de Tiro sobrevivieron hasta bien entrado el período Clásico (150-750/900 d. C.). La más conocida de las sociedades de Occidente es la purépecha o tarasca, que rivalizó en el siglo XV d. C. con el poderío de los mexicas.